… Salta por encima de tu sufrimiento y no crecerá el abismo sino la vida
que hay en ti.
No hay pasión, ni idea, ni acto humano que se desentienda del abismo. Por
tanto, tratemos lo único que merece ser tratado: el abismo y aquello que lo
sobrepasa.” Silo – El Paisaje
Interno
Hoy asistimos a un paisaje humano lleno de irracionalidad, en el que los
temores se adueñan de la perspectiva y sin saber cómo las personas caen en una
espiral de violencia y sin sentido hacia otras personas.
Surgen así los abismos sociales, generacionales, entre colectivos. La
ruptura se ha convertido en la señal de identidad de estos tiempos. Hay quienes
han olvidado qué les hace felices y dejan de cuidar las cosas importantes. Buscan culpables, dando mayor relevancia a las tensiones y problemas que se han agolpado
oscureciendo el paisaje.
Algunas personas frente a la DIVERSIDAD y su POSIBILIDAD de cambio, se asustan. El vértigo que
se despierta ante el abismo, es una atracción y un rechazo que se dan
simultáneamente. Al querer avanzar, los temores no resueltos surgen amenazantes
ante la duda: ¿resolverse o permanecer?
El instinto de conservación o el de perpetuación de la especie son en gran medida responsables de que la conciencia sea conservadora. Existe miedo al cambio, miedo a elegir la vida que se quiere vivir, miedo a lo desconocido, miedo a quedarse solo, etc. Todos estos miedos mantienen una forma de estar en el mundo mecánica, posesiva e interesada, que no tiene en cuenta muchas cosas importantes. Por ejemplo, lo mucho que necesitamos a las otras personas o cómo el cuerpo nos indica cambios necesarios en nuestra forma de pensar cuando se enferma. En ese estado mecánico, en el que todo sucede, pasan desapercibidos los registros físicos que se tienen cuando uno actúa en contra o a favor de la vida. Es decir, ese estado no es constructivo, sobrepone el interés al registro, trata de eludir la diferencia entre unidad y contradicción, y por esta razón tiende a alejarse de "lo humano" que se puede reconocer con nitidez en el acto válido.
Uno solo no puede saltar sobre la mecanicidad, pero merece la pena el intento de ser coherentes. Porque con una pequeña dosis de unidad interna, cualquier ser humano tiene a su alcance ver las cosas de un modo nuevo. Por eso el abismo se desdibuja cuando damos un nuevo paso hacia el ser humano que queremos ser.
Reconocer la posibilidad de cambio en cada uno de
nosotros es lo que nos humaniza.
«Lo Sagrado está en nosotros y nada
malo puede ocurrir en esta búsqueda de lo Profundo e Innombrable. Creo que algo
muy bueno sucederá cuando los seres humanos encuentren el Sentido, tantas veces
perdido y tantas veces encontrado en los recodos de la Historia. » Silo.
Punta de Vacas.4 de mayo 2004
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